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Antonio
Meseguer: "Mi hijo me confundía con Fidel"
Lleva
casi 30 años interpretando el papel de Fidel Castro en el Carnaval de
Santa Cruz, pero todavía no conoce al dirigente cubano.
Antonio Meseguer,
ese es su nombre auténtico, alcanzó ese parecido tan fiel de forma
accidental. Y nunca mejor dicho, porque fue a raíz de las secuelas que un
accidente de tráfico le dejó en el rostro por lo que tuvo que dejarse la
barba, momento en el que una vecina cayó en la cuenta del parecido que
tenía con el dirigente comunista.
A partir de entonces, Meseguer no ha
dejado un año en el que no se vista de militar y pasee su humeante habano
por el Carnaval.
El parecido era tan grande que hasta su hijo, de
pequeño, cada vez que veía una foto que tenía de Fidel Castro en su
casa le llamaba papá. Pero es un mimetismo casi natural. "Los gestos
que yo utilizo -explica- no los copio del comandante, sino que son míos.
No me he dedicado nunca a estudiar el personaje. Por ejemplo, la forma de
coger el puro no es una copia, sino que es como lo hago
habitualmente".
Además, Meseguer asegura que la ideología del líder comunista no la
comparte. De hecho, asegura que ha tratado de “despolitizar” en lo
posible al personaje.
Lo cierto es que Meseguer es un apasionado del Carnaval, una afición que
cogió, sobre todo, en un viaje que de pequeño hizo a Trinidad para
aprender inglés. “Allí -recuerda- había un carnaval que se parecía
mucho al de Río de Janeiro”.
De vuelta a Tenerife, Meseguer se introdujo de lleno en el mundo del
Carnaval. Pasó por la Afilarmónica Ni Fú Ni Fá y varias rondallas,
antes de derivar en el personaje que le ha singularizado en las Fiestas de
Invierno.
El Fidel Castro chicharrero, como muchos otros personajes ya históricos
de esta fiesta, añora el Carnaval que se hacía en la ciudad “antes de
que se orientara hacia el turismo”. Una fiesta que, a su juicio, era más
“sana”.
“El Carnaval de tarde y de noche ya se ha acabado, y sólo existe el de
madrugada. Además, yo lo llamo el Carnaval del chillido, porque el ruido
que sale de los quioscos y las casetas no te deja hablar, sino que tienes
que chillar al oído de la otra persona si quieres que te entiendan. La
pena es que las fiestas de antes ya son irrecuperables”, sentencia.
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